cansinismo

Esta viñeta de El Roto aparece el El País de hoy:


Y estos extractos, en esta entrevista publicada en el semanal del pasado fin de semana. Aunque hablando de asuntos distintos, la base es la misma.

Pues aquí y ahora no parece estar muy de moda escuchar… No nos han enseñado a escuchar. En las escuelas hay cursos de cómo hablar en público, pero no de cómo escuchar. Hay conversaciones que consisten en que solo estamos esperando a que el otro acabe para soltar lo que ya teníamos preparado. Se establecen diálogos de besugos que hacen que la gente no se entienda.
(...) Yo sigo el Método Balint, que sirve para entender al otro porque no hay prisa, porque nadie juzga. Juzgar hace un daño terrible. Estamos juzgando todo el tiempo a todo el mundo, sin pruebas. Y dictamos sentencias, lo cual cierra ya toda posibilidad de seguir tratando de entender a esa persona.
Lo no dicho. A menudo, mucho más importante que lo dicho, ¿no? En un equipo de trabajo, lo peor es lo no dicho, eso sí que es complicado de gestionar. Todo lo dicho, por duro que sea, se puede gestionar.
Se diría que ocurre lo mismo en las rupturas amorosas. Exactamente. “Yo pensé, yo ya vi que, aquello no me gustó… Yo ya sabía que tú…”. ¿Y por qué no me lo decías? El peor regalo que le puedes hacer a tu pareja es no decir cómo te sientes y no escuchar cómo se siente. Es la base. Pero vivimos en una sociedad en la que mostrar tus sentimientos equivale a ser vulnerable. Y no es verdad, es ser más fuerte.

de coños



Ain't got the change of a nickel
Ain't got no bounce in my shoes
Ain't go no fancy to tickle
I ain't got nothing but the blues
Ain't got no coffee that's perking
Ain't got no winnings to lose
Ain't got a dream that is working
I ain't got nothing but the blues
When trumpets flare up
I keep my hair up
I just can't make it come down
Believe me peppie,
I can't get happy
Since my ever loving baby left town
Ain't got no rest in my slumbers
Ain't got no feelings to bruise
Ain't got no telephone numbers
I ain't got nothing but the blues

mariposas muertas

Dos perlas de Gloria, una de ellas de mano amiga.
Punzada en boca de estómago.

Interior con mariposa muerta en el sofá.

Oxidadas tengo las bisagras de mis ojos
de tanto llanto llano;
se me van empequeñeciendo estas niñas,
que ayer me miraban alegres
desde el fondo del espejo;


desde el fondo de la botella
me miran taciturnas
las pasadas horas felices.

¡No me basta el pasado!

¡No quiero que se pase!

Y el pasado me pisa y me posa
y al final me posee, como una amante religiosa.

También había un ángel inocente
saltando a la comba con una culebra.

Todo esto acabo de verlo
en el fondo del fondo
de la botella.

Y la de mano amiga:

Se bebe para olvidar una cosa
y se olvida todo menos esa cosa.

Gloria Fuertes

algunas veces


Algunas veces vuelo
y otras veces
me arrastro demasiado a ras del suelo,
algunas madrugadas me desvelo
y ando como un gato en celo
patrullando la ciudad
en busca de una gatita,
a esa hora maldita
en que los bares a punto están de cerrar,
cuando el alma necesita
un cuerpo que acariciar.
Algunas veces vivo
y otras veces
la vida se me va con lo que escribo;
algunas veces busco un adjetivo
inspirado y posesivo
que te arañe el corazón;
luego arrojo mi mensaje,
se lo lleva de equipaje
una botella…, al mar de tu incomprensión.
No quiero hacerte chantaje,
sólo quiero regalarte una canción.
Y algunas veces suelo recostar
mi cabeza en el hombro de la luna
y le hablo de esa amante inoportuna
que se llama soledad.
Algunas veces gano
y otras veces
pongo un circo y me crecen los enanos;
algunas veces doy con un gusano
en la fruta del manzano
prohibido del padre Adán;
o duermo y dejo la puerta
de mi habitación abierta
por si acaso se te ocurre regresar;
más raro fue aquel verano
que no paró de nevar.
Y algunas veces suelo recostar
mi cabeza en el hombro de la luna
y le hablo de esa amante inoportuna
que se llama soledad.


la boda

Vuelvo a don Francisco, a Leocadia, a Rosarillo, al saturnismo, a las paredes de su quinta. Se me pasan las horas con él, sus circunstancias y su obra. Esta vez me asomo con detenimiento al cartón de un tapiz, antes de que la salud empezara a torcérsele. Es extraño el cartón: esos colores contando lo que cuenta; quizás esa era la gracia, el contraste entre la escena y  el amable contexto de fondo.
La visión que permite la página del museo de El Prado es una barbaridad.


There's really only one jazz singer—only one:

Qué bicharraco, por dios, en aquel Berlín del este aún sin abrir. Lo que hubiera dado por presenciarlo en directo.

once upon a summertime

Por hoy no será igual y no pondré la letra, tan ñoña y azucarada, tan almibarada como casi todas las letras de amor de estos clásicos. Tan certeras y afinadas bajo su capa de sacarosa.
Yo sé que me amaste once upon a time a summertime, creo que podría decir casi  todo el mundo. Y que robábamos besos en cada café. Y que eras dulce, tanto o más que las flores que veíamos abrirse por las mañanas. Y que llega el invierno, y que pasará, y que el verano volverá y un día como aquel, de nuevo en verano, me vendrán estos recuerdos. Yo lo sé.

Aún no amanece en las islas del Atlántico.

consternado

El espanto, de Juan José Millás, se publico en la columna de la contraportada de El país el viernes pasado. Me lo envió Rq a las 10 de la mañana de ese día. Yo lo leí unas 12 horas después donde trabajo. No daba crédito.

Léanme con piedad. No soy más que un pobre texto periodístico precipitándome en caída libre hacia el final de la hoja como por el hueco de un ascensor mal mantenido. Caigo y caigo desplegando, a modo de alas, adjetivos que suavicen el golpe, extendiendo oraciones subordinadas que actúen de colchón para las principales. Ni idea de si estoy ya en la cuarta, en la quinta o en la sexta línea porque dejé hace un rato de contar. Y no por falta de tiempo, porque el tiempo, en las situaciones límite, se estira de tal modo que nos permite observarlo todo a cámara lenta. De hecho, no veo el momento de alcanzar el final del primer párrafo, si el texto que les habla lo tuviera, para tomar un poco de aire en él. Los finales de párrafo son un respiro, un punto y aparte, casi como volver a empezar el descenso hacia la oscuridad del significado, cuando lo hay, o de la mera forma si el texto es muy experimental. Pero caigo y caigo, además de hacia el fondo, hacia el olvido. En el olvido, tarde o temprano, nos encontramos casi todos los textos como pedazos de automóviles en el desguace. Cuando los lectores te abandonan, se acelera la velocidad de la caída y aumenta la intensidad del pánico. Soy un texto sombrío, escrito a las tres de la madrugada por un tipo insomne que quizá tenga problemas económicos, o familiares, o mentales, no lo sé, los textos no sabemos nada de nuestros creadores como los hombres, pese a la Teología, no saben nada de Dios. Hay quien niega la autoría como hay quien niega a Dios. Pero el autor existe, puedo certificarlo, porque se desliza por el hueco del ascensor conmigo, abrazado a mí, lleno de espanto. A punto ya de rompernos la crisma contra el suelo, deja colgado el texto, me abandona, y regresa a la cama.



la 14 y la 15 de gracia

La retirada de la selección de Juan Carlos Navarro ha marcado las últimas horas de la competición. Es normal por el tremendo impacto que ha tenido en nuestro básket desde el fantástico campeonato del mundo junior ganado en Lisboa. Mucha admiración por un jugador sin un gran físico pero con una gran técnica y que fue capaz de marcar diferencias durante muchos años al máximo nivel. La gran generación del 80 —aunque parece que Pau aún no ha dicho su última palabra— está llegando al final del camino. Es ley de vida, como ha dicho el propio Navarro. Su impulso a nuestro baloncesto es muy grande y creo que va a servir para que los que vienen detrás, aunque con menos talento, sigan en una buena línea competitiva en el futuro. Sin ellos seguramente la selección será menos favorita. Entonces se verá todavía mejor el tremendo legado que deja la mejor generación de nuestra historia.

hasta hubiera trabajado

Buscaban rancheras, encontraron una y de ahí saltaron directamente a la calle del olvido, con ese entendimiento profundo de qué es un ranchera. Cantaban en una esquina del bar, mesa de madera desvencijada de por medio, cigarrillo en la mano queriendo encenderse y bebida sobre el tapete. Destilaban complicidad y dolor de heridas añosas, ingredientes imprescindibles para adentrarse en según qué mundos musicales.
Enrique era un devoto de las rancheras y en muchas de sus composiciones pop subyacen esas tonadas y esos contenidos. La publicaron en un álbum al que dio nombre en el 89, con Enrique con 29 años.
Por momentos tuve la sensación de que me estaban dando la banda sonora de mis últimos días. El alcohol y la emoción es lo que tienen, pienso hoy, sereno.
En fin, K., que me alegro mucho de haberte acompañado en tu aniversario de medio siglo. No es asunto baladí.








Ahora que todo acabó y que el tiempo te ha vencido, 
y tu amigo te dejó dices que cuentas conmigo. 

Como tienes el valor, yo que siempre me he dolido 
de recordar lo que fue y lo que pudo haber sido. 

Por la calle del olvido vagan tu sombra y la mía, 
cada una en una acera por las cosas de la vida. 

Por la calle del olvido donde nunca brilla el día, 
condenados a una noche tan oscura como fría. 

No sabes lo que luché para no soñar contigo 
y no quieres entender que por fin lo he conseguido. 

Yo estaba dispuesto a todo para tenerte conmigo 
hasta hubiera trabajado, y te fuiste con mi amigo. 

Por la calle del olvido vagan tu sombra y la mía, 
cada una en una acera por las cosas de la vida. 

Por la calle del olvido donde nunca brilla el día, 
condenados a una noche tan oscura como fría.

tornados

Ni hecho aposta el camino de los adoquines amarillos. El jueves pasado en el Doré, con quien debía de ser para la circularidad, mientras otras siguen su curso en la ciudad que me vio nacer. 
Más allá de la psicotropía lo de Frank Baum, Fleming y compañía. Judy ya me dolía a sus diez y algo.
No es de extrañar lo de la quinta
Abrumado por los tornados.


se nos fue el de Utrera



Se me va 
este amor que he ido amasando
con mis manos se me va
Se me va
lo que tanto tiempo yo he querido tanto 
se me va.

No hay razon 
que yo pierda en un momento
lo que tanto me costó
no hay razón
que se vaya de mis manos 
y en un soplo tanto amor.

Y se me va 
como el agua que se escurre entre mis manos
se me va
como el aire que no puedo sujetarlo
como el tiempo que implacable va pasando
como el humo tu cariño se me va

Se me va 
y no puedo ya luchar por retenerlo
este amor que en realidad se ha ido muriendo
y por eso de mis manos se me va

Donde irán 
esos días de alegría que pasamos donde irán
donde irán
esas miles de caricias que inventamos 
donde irán

Yo lo se
que en la vida nunca hay nada para siempre
ahora lo se
pero fue tan bonito así quererte
que ahora me cuesta perder.